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viernes, 21 de octubre de 2016

Polémica con la Defensora del Lector de EL PAÍS, Lola Galán




ACTUALIZACIÓN 22 de Octubre 2016, 14:00:


Poniatowska se enfrenta a los informes secretos del régimen priísta sobre ella




http://cultura.elpais.com/cultura/2016/10/21/actualidad/1477070699_702419.html

Jan Martínez Ahrens, el Jefe de la Corresponsalía en México de EL PAÍS acaba de dar un nuevo golpe de efecto. Entrega en mano a Elena Poniatowska informes secretos que se elaboraron sobre ella por parte de la tristemente celebre y temida Dirección Federal de Seguridad, la policía política de la "dictadura perfecta".

Lo hace como coartada para justificar el artículo manipulador y mentiroso que publicó acerca de Elena Garro. ¿Qué hubo de raro en que se ocupara de la información de la policía política acerca de Garro si también lo hace con Poniatowska?

Algunos apuntes:

1. Elena Poniatowska está viva por lo que cualquier información que fuera negativa acerca de ella que hubiera aparecido en esos papeles podría responderla. No fue el caso con Garro

2. De la imagen de la propia Poniatowska mostrando los papeles acerca de ella se muestran tachaduras en el papel que sostiene. ¿No le le pareció incómodo al periodista Martínez Ahrens entregar a Poniatowska documentos sobre ella misma que están tachados? 

¿Que quiero decir con esto? Pues que Jan Martínez Ahrens evita mencionar que el acceso a los documentos no es directo y que el acceso a los mismos está controlado por el Cisen, organismo heredero de la misma Dirección Federal de Seguridad que tanto le horroriza.

Es decir que, con papeles en mano y todo, Elena Poniatowska no puede conocer ciertos datos de los documentos acerca de ella misma porque otros decidieron por ella. Es más, esos otros decidieron que esos son todos los papeles que se encontraron sobre ella  y que sobre ella podían ser entregados:



3. Jan Martínez Ahrens vuelve una historia de aquí sí espionaje en una historia de "interés humano" para evitar dar a conocer a los lectores de EL PAÍS la censura y manipulación que ha habido en cuanto esos acervos del espionaje gubernamental que se suponía serían utilizados como pruebas para hacer justicia transicional, una promesa incumplida.

Martínez Ahrens no puede decir que no se dio cuenta de estas implicaciones si en la propia España y específicamente en EL PAÍS ha habido tanta discusión acerca de la Ley de Memoria Histórica referente a los crímenes ocurridos durante el Franquismo. 




                                           Principios éticos del diario EL PAÍS, conforme su Libro de Estilo

                               
                    Autopresentación de Lola Galán al asumir cargo como Defensora del Lector de EL PAÍS


"Esa autocrítica que los periodistas exigen al resto de profesiones y profesionales no estaría nada mal que comenzaran a aplicársela a sí mismos, lo antes posible. Entre unos y otros pueden acabar por aburrimiento y superficialidad, con los pocos lectores que quedan”

Santiago Alonso Marín, lector habitual de EL PAÍS a Lola Galán, Defensora del Lector





El asunto de Elena Garro, contra lo que algunos quieren hacer pensar, no es lo único que ocupa mi mente pero sí es un asunto que se ha convertido , desde mi punto de vista, en piedra de toque para evaluar posiciones sobre ética pública y ética periodística. Esa es su importancia. Y lo que revela es desolador.

Esa es mi diferencia con alguien como la investigadora Lucía Melgar, quien editó para el Fondo de Cultura Económica las Obras Completas de Elena Garro, y quien también cuestiona el artículo "Elena Garro, una escritora contra sí misma"  de Jan Martínez Ahrens, Jefe de la Corresponsalía en México del diario español El PAÍS publicado por el suplemento Babelia de ese mismo diario: 



A ella lo que le molesta es la forma del acercamiento a Garro que se realiza: ¿Qué pasaría si de Poe, Dylan Thomas, Jack Kerouac o Fitzgerald escribiéramos “fueron alcohólicos emperdenidos hasta la autodestrucción y, por cierto, escribieron una gran obra”?

A mí me molesta que ese acercamiento se realiza a partir de mentiras comprobables, engañando a los lectores. 

Entonces Lucía Melgar se queda en la doxa; a mí lo que me interesa es la episteme.  

Un asunto que parecería sencillismo: se publicó que alguien ya muerto era espía, eso con base a papeles anónimos y sin hacer la precisión correspondiente. Se supondría que habría bastado hacer una aclaración pero no, resulta que hay una narrativa ya establecida sobre ese asunto y Garro era espía como lo "prueban" papeles anónimos, porque así debe serlo.   

Rafael Cabrera, famoso por ser el periodista que inició la investigación conocida como la "Casa Blanca de Peña Nieto" y con quien yo tenía un trato no diré que cercano pero que creí cordial, al reclamarle el silenciamiento que hizo de mi texto "Elena Garro y la guerra de las verdades" en su tesis profesional y otras maromas -algo importante al ser uno de los reporteros que dieron a conocer el plagio que Enrique Peña Nieto realizó en la suya, su tesis profesional de EPN- afirmó que yo "me peleaba con todo mundo". 

Aparte de que fue la reacción de Cabrera a algo que sabe que es verdad y que precisaré en una futura entrada, le respondí que viera por qué me peleaba y que él, como periodista, mostrara que yo había difamado a alguien. No pudo ni podrá probar algo así. 

No me peleó con "todo el mundo" (¿qué es "todo mundo" para Cabrera? ¿Sus profesores en el CIDE, opinadores-activistas de doble moral como Ricardo Raphael y Carlos Bravo Regidor?). Pero sobre todo no me "peleo" gratuitamente, sin alguna razón. 

El más reciente espisodio de esta saga es la "polémica" que tras bambalinas tuve con Lola Galán, la Defensora del Lector justamente del diario español EL PAÍS que publicó el artículo cuestionado, tan influyente todavía en el ámbito de lengua española a pesar de problemas financieros, errores periodísticos y cada vez más acerbos cuestionamientos por parte de amplios sectores de la sociedad española.

El tema de la Defensoría del Lector (o de la Audiencia)  es muy importante en cuanto a la calidad de los medios y la información que proporcionan, y la conducta ética que debería regirlos siempre.

Hago pública esta polémica porque ya no tengo confianza en que la señora Galán reconsidere.

La hago pública porque lo que hace ella como Defensora del Lector es argumentar y reflexionar ante el público alrededor de errores y cuestiones éticas de lo publicado en su diario. Lo que hago será poner al alcance del público interesado sus reflexiones, las cuales tienen un carácter público al realizarlas en su calidad de Defensora. Para los estudiosos, no lo dudo, será interesante estudiar cómo hay quejas que no llegan a ser aceptadas y por tanto tampoco publicadas en el blog de la Defensoría del Lector, y los argumentos que se esgrimen para rechazar ocuparse de esas quejas. El Defensor del Lector como encubridor: 


No voy a calificar la validez o no de lo que me responde Lola Galán, pues en mis propias respuestas la cuestiono.

Sólo un apunte: Lamento lo sucedido con Jan Martínez Ahrens, quien siempre me pareció, hasta leer su artículo sobre Garro, una persona amable y atenta. 

Salvo algunas pequeñas correcciones y agregados para facilitar la lectura esta fue mi correspondencia con la señora Defensora del Lector de EL PAÍS, Dña. Lola Galán:  


Estimado señor Terada:

He leído la copia del mensaje que envió usted al señor Jan Martínez Ahrens, y he comprendido que tiene usted quejas respecto al artículo que escribió sobre la escritora Elena Garro. Si quiere usted que yo las aborde, necesito que me envíe un mensaje señalando con claridad y precisión lo ocurrido en su contacto con el señor Ahrens, y formule las quejas de carácter profesional que tiene respecto a su artículo.

Un cordial saludo

Lola Galán
Defensora del Lector


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Estimada Lola Galán:

Agradezco su amable respuesta y quiero informarle que, tal como consta en algunos de los numerosos diferentes mensajes anteriores que puede usted ver abajo del presente, en cuanto a EL PAÍS este asunto tiene 10 años de antiguedad, desde 2006, y en lugar de aclararse y resolverse las mentiras y distorsiones ya publicadas anteriormente por el diario lo que sucedió con Jan Martínez Ahrens fue que se sumaron más mentiras y distorsiones a las ya anteriormente difundidas. Lo cual sin duda es gravísimo tratándose del diario de referencia en lengua española.

Intenté en su momento ponerme en contacto con su antecesor en la titularidad de la Defensoría del Lector de El País, el señor Tomás Delclós, sin que su colega se dignara responder, por eso aprecio mucho que usted sí lo haga, que usted sí muestre que le interesa desempeñar dignamente el papel de Defensora del Lector. Además también me puse en contacto con el muy conocido autor de libros sobre la lengua española y colega de usted y Ahrens, directivo de Prisa, Álex Grijelmo.

Entonces le pido su comprensión si acaso en algún momento pudiera haberle dado a usted la impresión de alguien demandante e imperioso. Incluso quiero dejar claro que cuestiono a Jan Martínez Ahrens profesionalmente, no como persona, pues en lo que me consta es una persona educada y cortés, pero que con su mal trabajo en su artículo sobre Garro me obligó a llegar a extremos que nunca deseé llegar tras no ser escuchado durante 10 años.

El asunto es complejo y como me consta que incluso a periodistas profesionales les sucede no poder entenderlo a la primera, pues involucra aspectos jurídicos y una reflexión sobre la propia labor periodística que muchos profesionales no han hecho, por eso considero necesario presentarlo en partes y en lugar de enviarle un solo mensaje me parece mejor enviarle 2 o 3. Le pido que si algo no le queda claro porque no haya sabido explicarme mejor me lo señale.

Comienzo precisando mi contacto con Ahrens ya que me lo pide y aclarando en calidad de qué me he convertido en "defensor" de una escritora ya fallecida sin haberla conocido ni tener relación familiar alguna.

Busqué a Jan Martínez el año pasado, 2015, durante varias semanas hasta contactarlo en julio, relacionado con el tema de Elena Garro precisamente. Nunca lo he visto en persona, nuestro contacto ha sido teléfonico y por correo. 

Ese contacto tenía la intención de exponerle a él las mentiras que la prensa en general y El PAÍS en lo particular habían difundido en 2006 sobre Garro, y que entonces, como debe ocurrir en el periodismo serio y profesional, la mentira se aclarara finalmente. Martínez Ahrens no lo hizo y por eso el tener que recurrir a usted.

En 2006 se difundió, provocando un escándalo internacional (siendo un asunto mexicano EL PAÍS y otros medios, como Clarín, de Argentina, lo retomaron) que Elena Garro, escritora por derecho propio y cada vez más conocida y reconocida pero a la que ha hecho sombra el haber sido primera esposa de Octavio Paz, había sido espía del gobierno durante varios años pero principalmente en 1968 cuando, se afirmaba, delató a varias personas relacionadas con el movimiento estudiantil de ese año, el cual fue reprimido brutalmente y se convirtió en uno de los hechos históricos más conocidos del México contemporáneo. Esto es lo que publicó EL PAÍS en ese entonces:  (http://elpais.com/diario/2006/07/14/ultima/1152828001_850215.html)

En ese mismo año publiqué en la entonces revista en papel ahora vuelta revista exclusivamente online Replicante (http://revistareplicante.com/) mi artículo "Elena Garro y la guerra de las verdades"  [bit.ly/1ojt4RO], el cual le envío como archivo pdf. El punto principal de mi artículo fue señalar que las supuestas pruebas de espionaje en contra de Garro eran dos papeles anónimos. Ese hecho fue ignorado por la prensa incluido EL PAÍS, la cual siempre se refirió a "documentos oficiales". Al no precisarse que se trataba de anónimos no se dio al público la libertad de decidir qué tanta credibilidad habría que darle a una información con ese origen.

Ese fue el principio de mi periplo y mi interés en el caso. Me pareció gravísimo que se pudiera señalar post mortem a alguien como cómplice y delatora al servicio de un gobierno represor y asesino, a partir de anónimos, acusación de la que no podía ya defenderse por estar muerta.

Más adelante, el profundizar en el caso Garro me llevó a descubrir que los acervos desde los que había salido la información estaban bajo ilegal control del Cisen, el organismo de inteligencia del gobierno federal mexicano cuyo equivalente sería el Cesid: (http://www.revistazocalo.com.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=2035:el-ifai-y-la-violacion-de-datos-personales)

Espero esto empiece a delinear el caso y dejarle claro que es un asunto muy serio de violación repetida de la ética periodística, no sólo por parte de EL PAÍS sino la prensa en general.

Cordialmente

Tomoo Terada

P.D.: Aprovecho para preguntarle si la cuenta de Twitter @galanlola1 es realmente suya.


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Estimado señor Terada:

Le agradezco que me envíe un mensaje claro y detallado que me permite entender su queja. Entiendo que usted se puso en contacto con el señor Ahrens para pedirle que escribiera la verdad sobre Elena Garro en lo tocante a esas informaciones aparecidas en la prensa internacional (y también en EL PAÍS), y que el señor Ahrens ha vuelto a mantenerlas como ciertas en su artículo del suplemento Babelia.
He leído la documentación que me adjunta y le prometo ponerme en contacto con el señor Ahrens para que me dé su versión de los hechos, a fin de ver la posibilidad de abordar el caso en mi sección. Entiendo perfectamente lo que usted critica, y le pido que si hay material o argumentos adicionales en su queja, me los haga llegar.

Atentamente

Lola Galán
Defensora del Lector


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Estimada Lola Galán:

Antes de proseguir mi exposición le reitero que no es que Jan Martínez Ahrens sólo haya mantenido como ciertas las mentiras ya publicadas por EL PAÍS  y otros medios, las cuales busqué que aclarara. Fue algo peor: en lo que publicó en Babelia agregó nuevas mentiras, ahora de su responsabilidad, a las mentiras anteriores que habían publicado otros y que eran responsabilidad de esos otros.

Por eso  en la parte final de mi correo a él expreso mi deseo de que lo suyo haya sido negligencia, porque tanta insistencia por parte de periodistas como él cuando han tenido el asunto de Garro en sus manos para distorsionar los hechos lleva a la sospecha de que habría una consigna para sólo mencionar a Garro si se aprovecha la oportunidad para desacreditarla distorsionando los hechos para presentarla bajo la peor luz.

Una vez expuestos sucintamente los antecedentes a fin de contextualizar mi cuestionamiento al artículo de Martínez Ahrens, paso a detallar los aspectos específicamente cuestionables del mismo.



A). La idea alrededor de la que gira todo el texto de Ahrens es que Elena Garro era una mujer autodestructiva y loca ("delirante") y eso aparece desde el propio título: "Elena Garro, una escritora contra sí misma". 

Y Martínez Ahrens parte de una cita real de Garro contra Octavio Paz: "Yo vivo contra él, estudié contra él, hablé contra él..." para de ahí buscar destruir cualquier credibilidad de Garro en asuntos diferentes y muy aparte de su conflictiva relación marital con Paz. 

Tal y como ya lo escribí nadie podría sostener que Elena Garro era una santa y al parecer era alguien muy conflictiva. Pero de eso a buscar desacreditarla a toda costa en todos y cada uno de los aspectos de su vida a excepción de la escritura, a fin de que no tenga ninguna credibilidad, distorsionando los hechos como lo hace Jan Martínez Ahrens, eso simplemente no es periodismo que merezca ser llamado así.



B) Un ejemplo de las grandes manipulaciones que realiza Ahrens es este párrafo lleno de imprecisiones y distorsiones, lo que para un periodista del nivel y experiencia de Ahrens es prácticamente mentir a sabiendas:

A mediados de los sesenta, ya divorciada, se aproximó en exceso al poder y cayó en la órbita del presidente del PRI, el reformista Carlos Madrazo. Sin pudor le brindó su apoyo público mientras en la trastienda tentaba las tinieblas. Su anticastrismo declarado, su relación con Madrazo y también su apoyo a las causas campesinas llamaron la atención de la siniestra Dirección Federal de Seguridad, al mando del capitán Fernando Gutiérrez Barrios, el mismo que había detenido a Fidel Castro y al Che Guevara. La escritora no mantuvo la distancia. Un memorándum, guardado en el Archivo General de la Nación, muestra que empezó a tratar con la policía secreta. “No fue una espía, como se llegó a decir, más bien se acercó y fue utilizada por el régimen”, señala el investigador Rafael Cabrera.


¿Por qué habría de tener "pudor" Garro de dar apoyo público a quien encabezaba un movimiento reformista dentro del anquilosado PRI?: (http://www.ejournal.unam.mx/rms/2008-1/RMS008000102.pdf). Tal como lo presenta Martínez Ahrens con la tontería/distorsión/mentira de que Garro "se aproximó en exceso al poder" se distorsionan los hechos de la realidad a fin de presentar a Madrazo, quien era un disidente, como parte del poder establecido y a Garro como una arribista que se acercaba al poderoso.  

La realidad es que Carlos Madrazo terminaría muerto en un accidente que se piensa fue provocado a fin de eliminar a un disidente molesto: (https://noticias.terra.com.mx/mexico/politica/carlos-madrazo-becerra-a-44-anos-de-su-extrana-muerte,ec829b4a51d0f310VgnVCM4000009bcceb0aRCRD.html)

¿A cuál memorándum se refiere Martínez Ahrens? Repito: no precisa su autor, a quien va dirigido, su fecha...aspectos elementales a cubrir por cualquier periodista serio y profesional. Sólo dice que está en el Archivo General de la Nación y que muestra que Garro "empezó a tratar con la policia secreta". 

En realidad, y otra vez me da pena ajena decirlo, parece que Jan Martínez se limitó a hacer una búsqueda con Google y encontró esto: (http://www.proceso.com.mx/401874/elena-garro-delatora-del-movimiento-estudiantil-del-68-segun-la-dfs). Y como entrar en precisiones del dichoso memorándum habría dejado claro que su reporteo se limitó a unos cuantos segundos en el buscador por eso dejó la referencia del memorándum tan vaga y nebulosa. Por cierto que lo contenido en ese memorándum yo lo publiqué 9 años antes que el empleado de la revista Proceso que redactó el texto que Ahrens encontró con Google, tal como consta en el archivo pdf que antes le envié.

Pero eso no es obstaculo para que Martínez Ahrens afirme, contundente, con base en su exhaustivo reporteo a conciencia que Garro "ya fuera de los focos, según el memorándum secreto, empezó a delatar".




C). Paso al anexo "Una velada con el asesino de Kennedy". Aunque sin mencionarlo en su texto aunque es implicito porque la página a la que lleva el último enlace lo menciona, la referencia ineludible es el libro del periodista Philip Shenon "JFK. Caso Abierto" del que escribe la también reportera de EL PAÍS, Yolanda Monge: (http://internacional.elpais.com/internacional/2013/11/19/actualidad/1384845218_072509.html)

El libro recoge testimonios de los entonces jovenes abogados que participaron en la Comisión Warren, que se creó para investigar el asesinato de Kennedy. Y lo que se revela son una serie de encubrimientos y errores durante la investigación.

Pero en el primer capítulo Shenon narra la historia de Charles Thomas, un diplomático que conoció a Elena Garro y quien se entero por ella de que había visto en México a Lee Harvey Oswald antes del magnicidio de Kennedy, en una fiesta organizada por gente de la embajada cubana. Thomas informó de esto a sus superiores (por cierto que eran del Departamento de Estado y no de la CIA como da a entender implicítamente Ahrens) pero no se le hizo caso. Posteriormente sería retirado del servicio exterior y terminaría suicidandose, al parecer por no poder encontrar trabajo. Luego de su suicidio, continúa Shenon, se descubiría que, por alguna razón no explicada, de su expediente había desparecido un documento importante para su ratificación.

Entonces quiero resaltar esto: Charles Thomas informa a sus superiores de lo que le ha dicho Garro, éstos no le hacen caso. Antes de abandonar la carrera diplomática al no ser ratificado escribe nuevamente informando sobre lo que Garro le narró. Se suicida. Se descubre que no fue ratificado porque misteriosamente un documento importante desapareció de su expediente.

¿Qué es lo que escribe Jan Martínez Ahrens al respecto?:


la escritora ofreció pocos detalles y se limitó a señalar que el futuro asesino presidencial se mantuvo la mayor parte de la velada callado junto a una chimenea y que sólo le vio hablar con dos personas. 
Fue una información que los servicios secretos consideraron de poco valor. No sólo por su parquedad, sino porque la interlocutora no era considerada muy fiable. Por el contrario, la CIA pensaba que “tendía a romantizar los acontecimientos”. No eran los únicos. 


Esencialmente lo que hace Ahrens es reiterar, remachar cuán poco confiable, cuán carente de credibilidad era Elena Garro. Y no le importa entonces chocar con lo que escribió su colega Yolanda Monge quien da cuenta del contenido del libro de Shenon y a quien enlaza, ni distorsionar el sentido de lo que narra Shenon en su libro.

Shenon lo que expone es la historia de un diplomático que insiste en difundir lo que le ha contado Garro y quien termina (¿pura coincidencia?) perdiendo su trabajo y suicidandose ante la falta de oportunidades  y luego de su muerte se descubre que no tendría por qué haber perdido su trabajo si no hubiera desaparecido misteriosamente un documento importante de su expediente. 

Lo que cuenta Ahrens en cambio es cuán falta de credibilidad era Elena Garro, tanto que los servicios secretos no tomaron en serio lo que le contó a Thomas. 

Hay una diferencia brutal entre ambos acercamientos, y una grave distorsión y manipulación por parte de Ahrens de lo que el periodista Shenon escribió en su libro. Y Ahrens, repito, choca de frente con lo que escribieron no sólo Yolanda Monge sino también Elsa Fernández Santos: (http://cultura.elpais.com/cultura/2013/11/09/actualidad/1384016708_995378.html). Las dos sus colegas también reporteras de EL PAÍS.


Pero de toda la investigación de Shenon quizá el dato más novedoso hasta la fecha es el que sitúa a Lee Harvey Oswald en una trama mexicano-cubana que pese a su gravedad fue extrañamente pasada por alto primero y literalmente borrada del mapa después por la CIA y el FBI. Oswald estuvo en México semanas antes de viajar a Dallas, tuvo una amante mexicana que trabajaba en la embajada de Cuba y se reunió con espías de la isla. La CIA conocía todos los movimientos pero los ocultó. Después del asesinato, evitó a toda costa que circulase la información sobre el viaje a México. Se destruyeron pruebas y se ocultaron testimonios, como uno que aseguraba haber visto a Oswald en la embajada de Cuba jactándose de su intención de matar a Kennedy. El documento que probaba que la CIA y el FBI estaban al corriente desapareció antes de llegar a manos de los abogados.


Entonces cuando Jan Martínez Ahrens escribe cuán poco importante consideraron los servicios secretos el testimonio de Elena Garro acerca de la fiesta con la presencia de Harvey Oswald, presencia confirmada por el sobrino de Garro, muchos años directivo del diario mexicano La Jornada, lo que hace Ahrens es encontrar normal lo que Shenon encontró extraño. 

Porque el único interés que Ahrens muestra al redactar el artículo es  destacar y dejar establecido cuán loca y poco confiable era Elena Garro. Para lograr eso distorsiona lo que escribió Philip Shenon en su libro y entra en contradicción frontal con lo que sus dos colegas escribieron al exponer lo contenido en el libro de Shenon. ¿Se puede llamar a esta manipulación periodismo serio?

Atentamente.

Tomoo Terada 


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Estimado señor Terada:

Veo que es usted un experto en todo lo concerniente a la escritora Elena Garro, aunque le diré, en lo concerniente al libro de Shenon, que lo he leído hace muy poco y sé muy bien lo que cuenta de la señora Garro, y creo que la mención a ello en un apartado del artículo que dedicó Babelia a la escritora, es completamente secundaria.

Habla usted de mentiras y manipulaciones en el artículo del señor Ahrens, porque no se ajusta a sus opiniones, ni a la hipótesis que usted sostiene respecto a la credibilidad de los documentos del IFAI. O porque refleja a la escritora como una persona atormentada e insegura que se acercó al poder. El señor Ahrens me ha explicado que su artículo es fruto de muchas entrevistas, tal y como se refleja en el texto, y de hecho, no es él sino algunas de las personas entrevistadas, como el investigador Rafael Cabrera, quien afirma: “No fue una espía, como se llegó a decir, más bien se acercó y fue utilizada por el régimen”.

Todo periodista goza de un margen de libertad para construir un artículo. Está en su derecho de acudir a unas fuentes y no a otras, y de entrevistar a unas personas y no a otras. El señor Ahrens goza de esa libertad, y no puedo recriminarle por no haberse atenido a las declaraciones que le hizo usted.

No creo, por otra parte, que pretenda denigrar a la señora Garro ni mancillar su memoria.
Tiene usted todo el derecho a discrepar de lo escrito por el señor Ahrens, y le recomiendo que escriba una carta al director expresando sus opiniones, ya que de opiniones hablamos. 

Atentamente

Lola Galán
Defensora del Lector


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Estimada Lola Galán: 

Tengo que refutar sus afirmaciones porque parece que el señalar las manipulaciones que realizó Jan Martínez Ahrens en su artículo, ya responsabilidad actual suya y ya no de anteriores personas incluida la de un anterior colaborador de EL PAÍS, tal parecería que quiere usted evitar tener que ocuparse de las mismas en su espacio como Defensora del Lector por la gravedad de esas manipulaciones que rebasan el mero error o "interpretación periodística" como usted afirma.

Dice usted haber leído el libro de Shenon y saber de qué va. Muy bien porque entonces no tengo que detallarle cosas de las que está usted enterada. Y la enorme distorsión que hace Martínez Ahrens de lo que escribió Philip Shenon, tanto que usted no me "refuta" en ninguno de los puntos que señalo.
  
No es cierto como usted afirma que yo hablo de:



A) mentiras y manipulaciones en el artículo del señor Ahrens, porque no se ajusta a sus opiniones, ni a la hipótesis que usted sostiene respecto a la credibilidad de los documentos del IFAI. 

RESPUESTA 1: Usted en su mensaje anterior me respondió el párrafo que  más adelante aparece, habiendo usted comprendido que me acerqué a Ahrens para pedirle que "escribiera la verdad" lo que sería lo deseable poder hacer con cualquier periodista. No es "hipótesis" ni "opinión" mía, por ejemplo, que se señaló a Garro como espía a partir de papeles anónimos, lo cual jamás fue mencionado ni precisado por EL PAÍS ya que de EL PAÍS hablamos. Le envío los archivos de lo que es el expediente de Garro y el archivo "supuestos informes" que son en sí los dos papeles anónimos de los que se derivó el escándalo. 

Si usted afirma, como periodista de carrera que es, que habría publicado y dado como irrefutable esta información si hubiera llegado a su redacción tal como está, en un papel sin firma, sin sello, sin emblema de organización alguna...entonces le pido revise sus propias concepciones periodísticas:

Le agradezco que me envíe un mensaje claro y detallado que me permite entender su queja. Entiendo que usted se puso en contacto con el señor Ahrens para pedirle que escribiera la verdad sobre Elena Garro en lo tocante a esas informaciones aparecidas en la prensa internacional (y también en EL PAÍS), y que el señor Ahrens ha vuelto a mantenerlas como ciertas en su artículo del suplemento Babelia.



B)  O porque refleja a la escritora como una persona atormentada e insegura que se acercó al poder. 

RESPUESTA 2: Jan Martínez Ahrens no retrata a Elena Garro "como una persona atormentada e insegura" sino como una mujer loca y perversa que delataba. Lo del "acercamiento al poder" con Carlos Madrazo es una distorsión de hechos históricos y tendrían usted y Ahrens que desmentir no a mí sino al autor cuyo texto enlacé y la nota de Terra que enlacé también.



C) El señor Ahrens me ha explicado que su artículo es fruto de muchas entrevistas, tal y como se refleja en el texto, y de hecho, no es él sino algunas de las personas entrevistadas, como el investigador Rafael Cabrera, quien afirma: “No fue una espía, como se llegó a decir, más bien se acercó y fue utilizada por el régimen”.

RESPUESTA 3: Tal como le escribí a Jan Martínez próximamente publicaré en mi blog algunas puntualizaciones a Rafael Cabrera, a quien conozco. 

Pero muchísimo más importante aquí es lo del "memorándum" que, como le señalé a usted, todo indica Ahrens obtuvo con unos cuantos segundos con Google, lo que habla mal pero muy mal del nivel del trabajo periodístico en El PAÍS si un destacado ex directivo apoya parte importante de su artículo en la referencia a un documento del que busca esconder los detalles porque el trabajo lo hizo por él el reportero Google.

Le pregunto, como Defensora del Lector, ¿por qué Jan Martínez Ahrens no puede precisar los detalles de ese memorándum, dejando la vaga referencia de que está en el Archivo General de la Nación? Y le respondo: Porque lo que le interesaba era ocultar que la información la obtuvo de la nota de un colega de la revista Proceso, sin mayor trabajo ni profundización.

Y ese memorándum es importante porque la entrevista a Rafael Cabrera que usted presenta como un ejemplo de la apertura de Ahrens a distintas voces es una mera, breve opinión; lo del memorándum es un documento o así se presenta, lo que puesto a continuación de la declaración de Rafael Cabrera es un desmentido claro y no meramente implicíto. Eso se llama manipulación, deshonestidad, no mera libertad periodística, lo cual es grave en un diario como EL PAÍS.

Reitero, señora Defensora, Ahrens debe una explicación a los lectores, para quienes tanto usted como él trabajan, de cómo obtuvo la referencia del memorándum.

Así que no hablamos de "libertad" de un periodista sino de cómo ese periodista se aferra a la versión impulsada por un grupo, al que pertenece el señor Christopher Domínguez, a quien también entrevista Ahrens, y es absolutamente reacio a escuchar y recoger un punto de vista diferente, aunque se le puedan proporcionar pruebas y no meras opiniones.

No hablamos de "opiniones" sino de cómo se distorsiona lo escrito por el autor de un libro que ha sido cubierto y referido por colegas del propio diario EL PAÍS, con quienes Ahrens termina chocando. Por cierto que he tenido contacto con el propio Philip Shenon y por lo visto tendré que informarle de las distorsiones que comete alguien como Ahrens al aludir a su libro, de las que no se entera por no saber español.

Así que le pido reconsiderar, señora Defensora, porque los lectores de EL PAÍS no merecen la falta de respeto que se ha mostrado con toda esta manipulación y reporteo con Google. La llamada crisis de los medios, incluido EL PAÍS, de la que se han referido los propios directivos del diario, es en gran parte una crisis de credibilidad a partir de prácticas como las que ha realizado Martínez Ahrens.

Atentamente.

Tomoo Terada


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Lola Galán
Defensora del Lector de EL PAÍS

Sólo para enterarle que en aras de la transparencia que usted misma ha invocado como pauta de su labor y una vez que me quedó claro que no reconsideraría ni respondería mi correo 3, he decidido hacer pública nuestra correspondencia, entre lector y defensora, a fin de que sea conocida la forma como rechaza ocuparse de las quejas. 


Asimismo buscaré hacerlo del conocimiento de colegas suyos, académicos y, en general, periodistas y publico interesado, pues una institución como la de El (la) Defensor (a) del Lector debe ser sujeta a crítica, análisis y reflexión.

Atentamente.

Tomoo Terada

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