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domingo, 15 de octubre de 2017

La Lista de tinta color rojo sangre


                                     


 

                       A raíz de manifestarme el señor Carlos Padilla Ríos unas inquietudes sobre este tema me puse a investigar a fin de tener opiniones fundadas y no emitir meras ocurrencias o repetir lugares comunes.




Pilar Tavera tuitea indignada: “Me sorprende que la Feadle en la calle de López siga en pie. ¿Pues de qué está hecho? ¿De impunidad?”. Acompaña, debajo de sus palabras, incrustada en el tuit una nota del diario Reforma: “Desaloja la PGR 4 de sus edificios” en la que el reportero Abel Barajas narra cómo esos cuatro edificios de la Procuraduría General de la República, incluida su sede central en la Avenida Reforma, no son aptos para operar después del terremoto del 19 de septiembre, no, no el de 1985 sino el de 2017, el 19s; y el personal que laboraba en los mismos y los expedientes que ahí se resguardan tendrán que ser reubicados. En cambio aparentemente nada le sucedió al edificio de dos pisos en que está la FEADLE, la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos en contra de la Libertad de Expresión, en la calle de López número 12, en el Centro, calle que da casi al frente del Palacio de Bellas Artes.
     Entiendo la indignación de Pilar Tavera, la FEADLE ha sido acusada repetidamente de ser sólo una simulación del gobierno mexicano, una más, mientras se acumulan los cuerpos de los periodistas ejecutados o ni siquiera hay cuerpos: simplemente los periodistas desaparecen. La ola de asesinatos de periodistas este año de 2017 se hicieron aún más visibles que nunca con las ejecuciones de Miroslava Breach y Javier Valdez, ambos corresponsales de La Jornada
          Pero aun así resultan algo desconcertantes las palabras de Pilar Tavera pues como integrante del Consejo Consultivo del Mecanismo de Protección de Defensores de Derechos Humanos y Periodistas (después ella misma me enteraría que es actualmente la presidenta), una de los nueve que lo integran por parte de la sociedad civil, seguro que será de los cuatro miembros del Consejo Consultivo que también forman parte de la Junta de Gobierno que es la máxima instancia del Mecanismo, teniendo ella y los otros defensores de derechos humanos y periodistas del Consejo Consultivo en la Junta de Gobierno que reunirse con, entre los cuatro representantes gubernamentales en la Junta, precisamente con el Fiscal Especial que encabeza la FEADLE, quien es el representante gubernamental por parte de la PGR.
            Pero sobre todo porque el propio Mecanismo ha sido acusado de ser la otra simulación, en cuanto a la protección de los periodistas mexicanos.        
            Los otros tres representantes gubernamentales lo son por la Comisión Nacional de Seguridad, la Secretaría de Relaciones Exteriores y la Secretaría de Gobernación, por ley este último, correspondiente actualmente al cargo del subsecretario de Derechos Humanos de la SEGOB, Roberto Campa Cifrián, es el presidente de la Junta de Gobierno del Mecanismo. Además está un representante de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, que, dependiendo de la confianza que se tenga en la CNDH puede considerarse o no otro representante gubernamental. Todos: los cuatro representantes gubernamentales; los cuatro por parte de la sociedad civil y el de la CNDH tienen voz y voto en las decisiones del Mecanismo, pero en caso de empate es el presidente de la Junta de Gobierno quien tiene voto de calidad.


El material de la impunidad

Posiblemente Pilar Tavera no está enterada del origen de la FEADLE,  el cual ha determinado que la simulación y el encubrimiento sean sus características definitorias debido a su construcción institucional, el material del cual fue construido y que sí es, desde el principio, como ella sospecha, el de la impunidad. Fue creada al final del sexenio foxista por Daniel Francisco Cabeza de Vaca Hernández, entonces al frente de la PGR, originalmente con el nombre de  Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos en contra de Periodistas (FEADP), en febrero de 2006.
            Este funcionario, Cabeza de Vaca Hernández, fue el mismo que, meses después, en noviembre, a punto de acabar el gobierno de Fox extinguió la FEMOSPP, la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (el nombre oficial es muchísimo más largo), que tantas esperanzas defraudó en cuanto a investigar y hacer justicia de los crímenes de lesa humanidad de la historia contemporánea de México como la matanza del 2 de octubre de 1968, tal cual había sido la promesa de campaña de Vicente Fox. Al acordar la desaparición de la FEMOSPP Cabeza de Vaca Hernández haría referencia expresa a los ataques a periodistas como una de las pretendidas justificaciones de esa desaparición:

Que una vez presentado el informe final, se estima oportuno orientar los esfuerzos de la Procuraduría a la atención de otras demandas ciudadanas que se relacionan con la investigación de actos ilícitos que lesionan de manera particularmente grave a la sociedad, como...el ataque a la libertad de expresión de los periodistas.

Esa “reorientación de esfuerzos” de la PGR, más de 10 años después,  no ha resultado más que en la  cuestionada ineficacia y complicidad con la impunidad de la FEADLE. Como anticipo de la simulación y protección en los hechos a los criminales que caracterizaría a la nueva institución,  creación suya, el informe final al que Daniel Francisco Cabeza de Vaca Hernández hacía referencia era el de las investigaciones realizadas por la FEMOSPP: un informe final discutible en su metodología, que no recogía las voces de las víctimas, pero que aun así planteaba había existido una política deliberada de exterminio de opositores por parte de lo que fue llamada la dictadura perfecta por Mario Vargas Llosa, informe el cual nunca fue presentado ni dado a conocer oficialmente (por lo que el gobierno foxista nunca tuvo que asumirlo), y del que sólo se conoció un borrador filtrado a un sitio web estadounidense, en medio de un escándalo de acusaciones de malos manejos de dinero  por parte del titular de la FEMOSPP y la falta de pago a quienes hicieron las investigaciones,
            Sería en el sexenio siguiente, con Felipe Calderón, que la FEADLE adquiriría, en julio de 2010, su actual nombre, por un acuerdo de Arturo Chávez Chávez mediante el cual “los asuntos que se encuentren en trámite, averiguaciones previas y los procesos penales en curso” y “los recursos humanos, materiales y financieros” de la FEADP pasaron a la FEADLE. 


El olvido que seremos

Unir el fallido proceso de justicia transicional, es decir, la búsqueda de la verdad y la justicia para los crímenes históricos de la historia contemporánea de México, con el actual asesinato de periodistas no es gratuito. Si las instituciones de impartición y procuración de justicia como la PGR y el sistema judicial no pudieron procesar, entre otros, un crimen masivo ocurrido 38 años antes (el tiempo entre 1968 y 2006, este último el año de extinción de la FEMOSPP, una vez supuestamente concluida su misión), ¿cómo podrían lidiar con los múltiples crímenes y violaciones de derechos humanos del tiempo presente, incluyendo los asesinatos de periodistas, cuyos perpetradores obviamente tienen relación con intereses y grupos plenamente actuantes los cuales apuestan a que, de nuevo, el presente de impunidad termine siendo el pasado de histórica impunidad, en un siniestro eterno retorno?
            Hay iniciativas particulares para recuperar la memoria del periodismo mexicano bajo ataque, como la de la página Nuestra Aparente Rendición; la del periodista Teodoro Rentería y su Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos; la de Carlos Moncada, autor del libro Oficio de muerte: Periodistas asesinados en el país de la impunidad; de organizaciones internacionales como el CPJ, Comité para la Protección de Periodistas; de Wikipedia, en sus versiones en español e inglés, irónica y lamentablemente más la última, con la lista más completa de todas las que ahora se pueden encontrar, las que han combatido el olvido llevando registro de los periodistas mexicanos asesinados, creando listas no oficiales de los mismos, e incluso buscando crear perfiles que los hagan dejar de ser una mera estadística.
            Pero son iniciativas basadas en la mera buena voluntad de sus participantes, faltos de una visión analítica salvo el de Moncada, ninguna comparable con un informe como el del libro La palabra y el silencio, por el Centro Nacional de Memoria Histórica, de Colombia, un país que ya pasó por la ola mortal en contra de la vida de los periodistas, lo que les lleva a considerar la revisión de la historia de los periodistas colombianos asesinados no es un ejercicio morboso de obsesión con hechos sangrientos del pasado sino la búsqueda de que no se repita el alto número de  los mismos en el futuro:

La no repetición tiene que ver con una fuerte valoración colectiva del significado del periodismo para una sociedad y su democracia, con la lucha del Estado contra la impunidad —y por tanto contra el mensaje de que las vidas de periodistas carecen de valor.
          (...)
Porque lo que enseña el estudio de lo que ha sucedido en el periodismo es menos una cuestión del pasado y más una condición del futuro.

Porque con toda su buena voluntad en estos esfuerzos descoordinados hay incluso errores, descuidos o bromas de mal gusto como que el perfil del periodista Saúl Noé Martínez Ortega en Nuestra Aparente Rendición en la sección Tú y yo coincidimos en la noche terrible, asesinado en Agua Prieta, Sonora, secuestrado por un comando de cinco personas nada menos que en las afueras del edificio de Seguridad Pública Municipal de esa localidad el 16 de abril de 2007, y cuyo cadáver apareció el día 23 del mismo mes cubierto con un cobija en el fondo de un barranco, sea el propio periodista sacrificado quien aparezca como quien escribió su propio perfil (sic).
            Esto es lamentable al ser Nuestra Aparente Rendición, sin duda el esfuerzo más notable hasta ahora para perfilar, darles humanidad a los periodistas asesinados, al buscar contar sus historias de vida.
            La mayoría de los periodistas de esta lista de color rojo sangre han sido muertos y desaparecidos dos veces: su recuerdo es borroso, algunos han sido implicados por parte de la autoridad investigadora, de forma fundada o para dar carpetazo, de “andar en malos pasos”. A tal punto llega este proceso de desvanecimiento que la periodista colombiana Ginna Morelo, quien se dedicó con ahínco desde la distancia, desde Colombia, a investigar para poder perfilar a su asesinado colega mexicano, José Barbosa Bejarano, escribe:

José Bejarano es un nombre en una base de datos. Ni siquiera es un archivo. Ni siquiera es una fotografía. Ni siquiera quiere ser un recuerdo para alguien que conociéndolo prefiere pasar la página. ¿Por qué? Sólo ella y José, muerto el 9 de marzo de 2000, lo saben.

Ginna Morelo se refiere a que a través de llamar mediante el directorio telefónico a las personas con los apellidos del periodista encontró a una familiar de éste, quien le dijo queA él lo mataron pero lo hicieron parecer como un accidente, por eso nadie investigó. Ni siquiera nosotros sus familiares”, expresado esto con temor en su voz por quien posteriormente ya no volvió a contestar las llamadas de Ginna Morelo.
            Contrasta con el dolido testimonio del escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, quien escribió el libro testimonial El olvido que seremos, acerca del asesinato el 25 de agosto de 1987 de su padre, Héctor Abad Gómez, un médico que publicaba colaboraciones de opinión en un periódico, El Mundo y presidia un Comité de Defensa de los Derechos Humanos; quien fue asesinado a tiros en una calle de Medellín por denunciar en su espacio en prensa los crímenes por parte de los paramilitares en contra de ciudadanos indefensos.
 Abad Faciolince su madre y una de sus hermanas, en la locura e incredulidad del dolor del asesinato de Abad Gómez, momentos antes, esperan a los demás hermanas (Abad Faciolince único hijo varón entre hijas mujeres) en plena calle, porque todas las hijas “tienen que ver lo que le han hecho” y en un primer momento se niegan a que el cuerpo sea recogido, lo cual terminan aceptando. Antes, Abad Faciolince ha besado la mejilla de su padre, que “todavía está caliente”, como despedida.
Pero la diferencia entre ambas actitudes nada tiene que ver con alguna diferencia fundamental entre colombianos y mexicanos. Tiene que ver conque José Barbosa Bejarano era el corresponsal en Ciudad Juárez, Chihuahua, la ciudad que se haría tristemente célebre a nivel mundial por los asesinatos de mujeres, de la en México legendaria y ya extinta revista de prensa roja Alarma que se dejó de publicar en 2014. Porque algo cojea en el perfil de quien forma parte de la lista color rojo sangre: a pesar del miedo expresado por la familia y la convicción de un asesinato disfrazado, constatado por Ginna Morelo, en ningún momento se da una razón, un motivo para que Barbosa Bejarano fuera eliminado.
¿En su búsqueda de información de nota roja Barbosa Bejarano encontró algo relacionado con los asesinatos de mujeres? Es sólo una especulación que surge de la mera circunstancia de lugar y tiempo de su muerte, junto con el miedo expresado por su familia, pero que daría sentido a lo que de otra forma sería realmente un mero accidente, un misterio, o una familia presa de un miedo infundado. 
Y con toda su cobardía, el asesinato de Héctor Abad Gómez fue el asesinato de un hombre prestigiado por parte de asesinos asumidos como tales, quienes no podían manchar la memoria póstuma de un hombre culto y reconocido en sus méritos, reconstruida su vida por el hijo escritor: por eso no pudieron desvanecerlo, por eso la familia gritó su dolor, por eso su historia se volvió ejemplar; no fue el caso de quien, como José Barbosa Bejarano se ganaba la vida reporteando notas llenas de sangre para para saciar el morbo de sus lectores.
La escritora Elena Garro escribió en los primeros párrafos de su novela Los recuerdos del porvenir: “Yo sólo soy memoria y la memoria que de mí se tenga”. Los periodistas ayudan a construir la memoria social pero también pueden convertirse en desmemoria al ser doblemente asesinados con el olvido y la indiferencia como lo fue José Barbosa Bejarano, y con él todos quienes forman la lista de color rojo sangre.


Crímenes y Pecados

Pero vuelvo a Pilar Tavera y su desconfianza y mala opinión acerca de la FEADLE, una institución con la que la suya propia en que participa, el Mecanismo, presumiblemente tendría que actuar coordinadamente o, en todo caso, los miembros de su Consejo Consultivo hacer reclamos en las reuniones de la Junta de Gobierno a ese funcionario, representante gubernamental, titular de la FEADLE.
            Pero esa desconfianza es plenamente explicable en México, un país en el que si bien no se puede generalizar acerca de todos los funcionarios, es muy común entre estos un complejo de Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, en que, dependiendo de si tratan con alguien con poder, fama u influencia o no, muestran un rostro amable o cruel.
            No se puede asegurar que sea el caso del conocidísimo abogado Ignacio Morales Lechuga pero entre quienes han tenido a cargo como autoridad la investigación de los crímenes contra periodistas tal vez su caso sea el más paradójico y singular. Actual Notario 166 de la CDMX Morales Lechuga fue procurador general de la República y procurador general de justicia del Distrito Federal.
Es en este último puesto que estuvo a cargo de resolver tres casos de asesinatos de periodistas y trabajadores para medios: el del legendario Manuel Buendía Tellezgirón, el de la reportera de El Día Elvira Marcelo Esquivel, y el de dos vigilantes de La Jornada, Enrique García Gutiérrez y Jesús Samperio Miramontes.
            Manuel Buendía, considerado el columnista político más notable de la segunda mitad de siglo veinte mexicano, fue asesinado a tiros por la espalda en un estacionamiento cercano a sus oficinas, el 30 de mayo de 1984. La constante presión de los colegas y discípulos de Buendía a lo largo de los años, que incluyó el convertir como punto de reunión en la fecha de su muerte para recordarlo y señalar la no resolución del crimen el monumento a Francisco Zarco impidió que se le olvidara. Posteriormente la fecha y el lugar, lamentablemente sigue siendo la fecha y el lugar para recordar, ya no sólo a Buendía sino a los demás periodistas que han sido asesinados después de él.
            Esa presión constante llevaría a que el 19 de junio de 1989, en un peliculesca confrontación personal, según la versión oficial, entre el procurador Morales Lechuga y el acusado como autor intelectual de la muerte de Buendía, José Antonio Zorrilla Pérez, ex director de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), la policía política del régimen, en la mansión de este último en las Lomas de Chapultepec, Zorrilla terminara entregándose a Morales Lechuga: el malo rindiéndose ante el sheriff.
Tres periodistas, Elvira Marcelo Esquivel, del diario El Día; Israel Rodríguez, del extinto diario El Nacional, y Eduardo Valencia, del Canal 11, el 23 de diciembre de 1989 salieron de una reunión navideña para la prensa y, según lo que declararon posteriormente Rodríguez y Valencia, tuvieron un encuentro con policías auxiliares en el que estos quisieron detenerlos por llevar bebidas, lo que terminaría con el aparente disparo accidental del arma de uno de los policías, cuya bala se alojaría en el cerebro de Marcelo Esquivel, quien moriría en un hospital, al poco tiempo. A partir del interés personal que mostró el entonces presidente, Carlos Salinas de Gortari, quien visitó en su casa a la familia de Marcelo Esquivel, Morales Lechuga resolvió el caso en apenas cinco días, el 29 de ese mes, presentando como responsables a tres policías auxiliares. Pero resultaría que los testigos, Rodríguez y Valencia, no reconocieron plenamente a los presentados como los agresores, además de que insistieron en que habían sido cinco los policías involucrados y no sólo tres.
El 2 de abril de 1990 dos vigilantes del diario La Jornada, Enrique García Gutiérrez y Jesús Samperio Miramontes, fueron asesinados en la calle, frente al diario. Un hombre se había presentado en la recepción y dejado ahí rápidamente propaganda del Procup, el Partido Revolucionario Obrero Clandestino Unión del Pueblo, y el partido de los Pobres, organizaciones consideradas de extrema izquierda. La recepcionista tenía la orden de no aceptar más esa propaganda y los dos empleados salieron a la calle para entregarla de vuelta al hombre que la había dejado, cuando otro sujeto, detrás de ellos comenzó a disparar y los asesinó por la espalda. El hombre sería identificado como David Cabañas, hermano del legendario guerrillero Lucio Cabañas. Morales Lechuga lanzo una serie de cateos en que fueron detenidos hombres, mujeres y niños, incluido un fotógrafo del propio diario atacado, La Jornada, a quien se soltaría después, para lograr la captura de los miembros del Procup y el Partido de los Pobres.
Los tres casos anteriores darían para algunos la idea de un eficientísimo investigador de los crímenes en contra de los periodistas, a quien sería muy deseable tener en activo actualmente. Pero, dejando de lado que, por ejemplo, la resolución del caso de Buendía no dejó totalmente claro las motivaciones para asesinarlo; que el caso de Elvira Marcelo Esquivel pareció resuelto de manera forzada usando chivos expiatorios; que en el de los vigilantes de La Jornada se violaron los derechos humanos al arrestar indiscriminadamente a quien se tuvo a mano, incluidos niños, aparte de eso el problema, la paradoja de Morales Lechuga con los periodistas es un cadáver, el del periodista veracruzano Javier Juárez Vázquez.
Entre el poco material que puede encontrarse recordando a Juárez Vázquez resalta el del  también periodista veracruzano Mussio Cárdenas, quien fuera corresponsal de la revista Proceso en ese estado, que se ha convertido en zona mortal para periodistas. 
El retrato que Mussio Cárdenas hace de Javier Juárez Vázquez no es el de un santificable mártir de la libertad de expresión sino un periodista bravucón y nada discreto, dedicado al llamado periodismo de golpeteo político, quien presumía en voz alta, en la cara de aquellos quienes aparecían involucrados, la información que tenía, antes de publicarla en la revista de la cual era director.
 Morales Lechuga entonces en el puesto de secretario de gobierno para el gobernador Agustín Acosta Lagunes es presentado por Mussio Cárdenas como un diligente negociador del arreglos consistentes en publicidad y pactos que es repetidamente burlado por Juárez Vázquez, quien rompía esos acuerdos, atacando al gobierno de Acosta Lagunes y a otros políticos veracruzanos habiendo aceptado dinero para publicidad y dádivas.
La última vez que se vio con vida a Javier Juárez Vázquez fue en el palacio municipal de Coatzacoalcos, la noche del 30 de mayo. Horas después, ya el día 31 aparecería su cadáver maniatado, golpeado y con huellas de quemaduras de cigarrillo.
Posterior a su asesinato la investigación del mismo se empantanaría.
La paradoja, señalada por Mussio Cárdenas y Carlos Moncada es el enorme contraste entre la increíble rapidez y eficacia del procurador del DF Morales Lechuga para resolver, con sus asegunes, los asesinatos de tres periodistas por un lado; y del otro, la lentitud y poca claridad para resolver el asesinato de otro periodista, por parte de la administración del estado de Veracruz de la que formó parte el secretario de gobierno Morales Lechuga, así como posteriormente por parte de las administraciones veracruzanas que le siguieron.
Al conocer la historia de Javier Juárez Vázquez, la periodista Verónica Calderón, quien tenía una conversación tuitera con el analista Macario Schettino acerca de si son peores los gobiernos pasados o los actuales comentó: “Es muy importante recuperar todas estas memorias. Entonces no había redes sociales. Ahora sí. Que todos se enteren de todo lo que ha pasado”.
Por cierto que se mandó copia a la cuenta de Twitter del abogado Ignacio Morales Lechuga por si quería hacer algún comentario, alguna observación. A la fecha, aparentemente, el asesinato de Javier Juárez Vázquez no le ha merecido el menor comentario.


El Mecanismo de la desprotección

Le tuiteo a Pilar Tavera comentándole que la FEADLE sólo tiene dos pisos, como explicación de que no haya sido afectada por el terremoto, como lo fueron las otras instalaciones de la PGR. Nunca he estado dentro de sus instalaciones pero que tiene dos pisos eso se puede ver desde la calle. Le escribo que quiero hacer una serie de preguntas y me responde que el Consejo Consultivo ya tiene un correo, el cual me proporciona: consejo.mecanismo@gmail.com
            El Consejo Consultivo, dentro del Mecanismo “es el órgano de consulta de la Junta de Gobierno, especializado en la protección de las Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas”. Durante la visita en 2011 de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Navi Pillay, el 7 de julio de ese año, Felipe Calderón firmó un acuerdo presidencial  para establecer un mecanismo de protección, pero que se ocupaba exclusivamente de defensoras y defensores de derechos humanos. Sería hasta le expedición de la Ley del Mecanismo que se contemplaría también a periodistas.
            La implementación del Mecanismo desde el principio ha sido un proceso vertical, de arriba hacia abajo, algo que ha sido la diferencia fundamental con el programa de protección a periodistas y comunicadores sociales en riesgo en razón de su oficio, de Colombia, manejado durante 11 años por el Ministerio del Interior y ahora por la Unidad de Protección, que fue  implementado en el año 2000 y en el que se inspira el Mecanismo mexicano.
            En Colombia el programa se reconoce exitoso en el sentido de que consiguió reducir notablemente el número de periodistas asesinados, esto a pesar de que en los últimos años se ha cuestionado al programa en un inicio financiado con apoyo del llamado Plan Colombia, por parte de Estados Unidos, así como por la Unión Europea, por su alto costo, déficits presupuestales y escándalos de corrupción. Pero lo indiscutible es que el programa salvó vidas, como por ejemplo la del periodista Daniel Coronell, quien pasó nueve años siendo protegido por el programa antes de trasladarse a Estados Unidos y trabajar en Miami para Univisión.
En cambio en México…el periodista veracruzano Pedro Tamayo Rosas, asesinado el 26 de julio de 2016 se convertiría en el primer periodista asesinado estando bajo la claramente nada eficaz protección del Mecanismo, esto de acuerdo con el corresponsal del New York Times en México, Azam Ahmed. Porque después de la muerte de Tamayo Rosas se darían versiones contradictorias acerca de si había rechazado o no el Mecanismo de la SEGOB. Algo que se repetiría con el asesinato de Cándido Ríos Vásquez, poco más de un año después, el 22 de agosto de 2017, quien también estaba bajo la protección del Mecanismo.
Entré en contacto con Pilar Tavera porque arrobé su cuenta a partir de que Brisa Solís, quien fuera directora de la ong Centro Nacional de Comunicación Social (CENCOS), me proporcionó en Twitter una lista de quiénes eran los actuales miembros del Consejo Consultivo del Mecanismo. Había encontrado en una página web del sexenio anterior que ella y el periodista Francisco Zea, titular de la segunda emisión de Imagen Informativa, en radio, eran los dos únicos miembros del Consejo Consultivo.
Lo que me comentó Francisco Zea fue sintomático. Lo convocaron al Consejo Consultivo una vez y nunca volvieron a hacerlo, en el anterior sexenio, el calderonista. Zea es parte del Grupo Imagen, uno de los principales conglomerados de medios en México; no se trata de un periodista de un medio pequeño o marginal. El no establecer que Brisa Solís y Francisco Zea entregaran la estafeta como miembros del Consejo Consultivo a sus sucesores expresa el descuido, la improvisación, la falta de institucionalidad de un Mecanismo de Protección que no merece ese nombre.
            “Si no nos convocan poco podemos hacer” concluye Francisco Zea. En efecto, poco o nada se puede hacer si la intención sólo es simular. La lista de tinta color rojo sangre seguirá creciendo…

sábado, 5 de agosto de 2017

Escrito a la CDHDF acerca queja #LadyPlaqueta






Entregué ayer este escrito en la CDHDF. Como lo escribí podría haberme extendido mucho más. No importa la resolución que tome la Comisión, seguramente muy tibia y después de muchas consideraciones políticas, más en esta época. Lo que importa es que quedó desnudo, evidente, que la narrativa promovida e impuesta acerca del dizque acoso del taxista a Tamara de Anda es la explotación de la buena fe de personas, hombres y mujeres, con preocupación por los problemas de acoso y violencia hacia las mujeres para ser, siento decirlo, tontos útiles que sirvan a la promoción personalista de Tamara de Anda y el bisne del Grupo Frente.





CDMX, a cuatro de agosto de 2017

Oscar Prado Miranda

Director de Área de la Primera Visitaduría de la CDHDF



Con respecto a la queja expediente CDHDF/I/121/CUAUH/17/D2584 caso “Taxista y Tamara de Anda” presento esta aportación y ampliación de los argumentos para establecer la existencia de violaciones a derechos humanos en el presente caso por parte de las autoridades involucradas.



En su momento hablé bastante con la visitadora adjunta encargada pero pongo por escrito lo que le comenté a ella, ampliándolo. El hecho de que fuera una mujer ayudó a precisar y dar filo a mis argumentos. Me dirijo a usted porque es el funcionario de mayor jerarquía de la CDHDF que ha revisado directamente el caso, y entiendo es el supervisor de la visitadora. Por razones de espacio y brevedad no puedo ahondar y exponer todo lo que quisiera y podría.



1. Primero hay que empezar por decir que nadie puede estar en contra de que se respete a las mujeres en la calle y otros ámbitos, pero que eso no puede llevar a admitir un fraude como es el caso de Tamara de Anda.



Esta señora recientemente se ha buscado imponerla a través de la campaña #NoMeDigasGuapa con toda la fuerza del grupo mediático que edita la revista Chilango y del que ella forma parte, como heroína e icono feminista de la lucha ya no contra el llamado acoso callejero sino contra toda violencia hacia las mujeres, incluidos feminicidios. Eso implica que a alguien que vivió la terrible experiencia de que le gritaran “guapa” le conseguirían la posición de vocería y representación de mujeres que, en contraste, han sido golpeadas, violadas y asesinadas. Sería divertido por ridículo si no implicara una burla a las víctimas de reales agresiones. Esa insistencia en promover a De Anda apoyada con un aparato mediático de una magnitud que las víctimas reales no cuentan confirma que hay algo raro en esta supuesta “víctima de acoso”.



Porque es una campaña que desde su hashtag hace referencia personalista a De Anda y al escándalo que la hizo conocida siendo que hay hashtags feministas ya establecidos y que hablan de una lucha colectiva, como #VivasNosQueremos, #NiUnaMás, #MiPrimerAcoso...



Suponiendo sin conceder que se tratara de una lucha real, por más respetable que pudiera parecer, no puede la misma partir del ejercicio y la defensa de la corrupción, el abuso, el clasismo porque pierde cualquier legitimidad. Tampoco ayuda el uso de mentiras, medias verdades ni el uso del chantaje moral o la pretensión de imponer sus criterios por parte de De Anda y sus partidarixs usando la intimidación de acusar, con mucha facilidad y sin respaldarlo en verdaderas pruebas y argumentos, como “misógino” a quien se atreva a disentir de ellxs.



Si el taxista en lugar de “guapa” hubiera gritado algo como “en esa cola sí me formo” o cualquier otra vulgaridad no habría desacuerdo alguno posible y todos, hombres y mujeres, condenaríamos al taxista majadero, pero eso es justamente lo que no pasó. Y si una expresión es exactamente lo mismo que la otra, sin matización ni distinción alguna, entonces se estaría en el supuesto de que “acoso” es cualquier cosa que a capricho a una supuesta “ofendida” se le ocurra considerarlo así. Eso es camino abierto a abusos, a violaciones a derechos humanos tomando como pretexto un objetivo que en principio era valido.



En su momento muchas mujeres expresaron su desacuerdo con Tamara de Anda, en redes sociales, Y sin duda muchas mujeres que en principio podrían estar de acuerdo con la posición de ella lo pensarían dos veces si una acción como la suya implicara afectación a sus esposos, padres, hermanos, hijos... de estas otras mujeres. Así que hay que recalcar esto: Tamara de Anda no representa más que a ella misma y a un grupo de mujeres que se autodefinen como feministas, ni siquiera todo el feminismo.





2. Tal como ha quedado establecido, el juez cívico del presente caso, David Jordán Ríos, quien sigue en servicio en la Dirección Ejecutiva de Cultura Cívica, lo que castigó en el taxista fue un tono de voz al gritar la palabra “guapa” lo que “convirtió” esta expresión en algo “injurioso”, no una conducta de “acoso” como se publicitó.



Cabe resaltar que incluso ese tono nunca se probó pues jamás se presentó grabación. El castigo se basó sólo en la percepción subjetiva de De Anda. Y si quedara duda de que no se trató de justicia, como consta en el expediente Tamara de Anda se negó a la conciliación a pesar de que el taxista se disculpó con ella. Habrá quien vea esto como la reacción de una mujer harta del “acoso”, pero también habrán quienes lo vean como la forma en que De Anda dejó bien claro que con ella ningún “pinche indio naco igualado” se iba a ir sin su castigo. No son afirmaciones textuales de De Anda pero que sí son derivables de un clasismo supuestamente ya superado del que dejó constancia en Twitter, y del lenguaje que usa en su blog en El Universal. 
 


Porque también se ha pretendido demonizar como “acosador” a un taxista a quien nunca se buscó para que diera su version, por parte de una prensa supuestamente progresista que cerró filas con Tamara de Anda a pesar de su pretendido “dar voz a quienes no tienen voz”. Porque entre otras cosas De Anda para justificar que un “guapa” dicho por el dueño del restaurante Covadonga, el “señor Covadonga”, es un halago y el dicho por un taxista es una amenaza habló en una entrevista de que era muy diferente que se lo dijeran entre amigos en un ambiente seguro que “en tono intimidante” y en la calle, en donde podría pasarle “cualquier cosa”.



No se cuestiona el derecho de cualquier mujer a quejarse y denunciar cuando se siente amenazada, pero curiosamente en el caso de De Anda los lugares donde se siente segura es en ambientes adscribibles a una determinada clase social, en su periscope no se ve nerviosa ni traumatizada como suelen estarlo la víctimas de verdadero acoso, no acusó al taxista de amenazas si es que el tono fue realmente “intimidante”, y a menos que sostenga que tenía miedo de que el taxista, quien estaba dentro de su taxi, tuviera un arma y le fuera a disparar a la distancia sin razón, lo de que pudiera pasarle “cualquier cosa” no se puede tomar como más serio ni grave que el “cualquier cosa” que nos puede pasar a cualquiera, hombres y mujeres, en un país y ciudad con problemas de seguridad.




3. Conforme el Protocolo de Actuación Policial de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal para la Detención de Probables Responsables en el Marco del Sistema Penal Acusatorio contenido en el acuerdo 01/2015 publicado en la Gaceta Oficial del Distrito Federal el 14 de enero de 2015, se establece que



la policía en el ejercicio de su servicio no debe hacer discriminación por motivo de origen étnico, lengua, edad, condición social, salud, religión, opinión, preferencia sexual, estado civil, nacionalidad o cualquier otra que atente contra la dignidad humana, en todo momento deberá prevalecer el reconocimiento de sus derechos, cuando incurran en infracciones administrativas o delitos.



(...)



Quinto: Al realizar las acciones para la detención de Probables Responsables en el Marco del Sistema Penal Acusatorio, la Policía deberá:



V. Abstenerse de infringir, instigar o tolerar actos de intimidación, discriminación, tortura y en general cualquier trato cruel, inhumano o degradante.



(...)



CAPÍTULO II

POLÍTICAS DE OPERACIÓN

2.1. La Policía cumplirá sus funciones con imparcialidad, objetividad, respeto y protección de la dignidad humana y los derechos humanos, con el propósito de dar certeza a los actos que lleve a cabo en su actuar.

2.2. Al realizar la detención de cualquier infractor o probable responsable, el integrante de la Policía debe reducir al máximo la posibilidad de cualquier afectación a derechos humanos que comprometan su actuación.





Había anunciado que presentaría otra queja en contra de la Secretaría de Seguridad Pública, pero he considerado mejor agregarla como aportación, ampliación u anexo.



Como ya es de su conocimiento, la propia Tamara de Anda hizo público que uno de los oficiales le “sugirió” presentar una denuncia por acoso sexual y no por una “falta cívica”. Como si fuera la carta de un menú a De Anda la policía le dio a escoger de qué podía acusar al taxista y ésta escogió no proceder por la vía penal “por revictimizante” y cansado, y sólo en segundo lugar por “buena onda”, porque no había sido eso lo que había hecho el taxista.



Es evidente la parcialidad de la policía, y conforme las normas arriba citadas es una violación evidente de su obligación de imparcialidad, al no limitarse a informar y apoyar de manera legítima sino que se puso al servicio de una de las partes, por cierto la más fuerte. Porque contra el postulado feminista de la situación de debilidad e inferioridad de la mujer siempre, en todos los casos, resultó que el taxista terminó a merced de lo que De Anda quisiera hacer de él.



Con posterioridad De Anda en entrevistas ha tratado de arreglar este tropiezo, que la hacía ver mal y en que ella misma se metió por´su propio cinismo, tratando de presentar que se le había atendido como a cualquier otra denunciante, sin ningún favoritismo, pero sin explicar cómo la policía se puso a su servicio.



Reitero, pues, este es un caso evidente de violación de derechos humanos por la violación a la garantía de legalidad, la parcialidad mostrada por la autoridad, el silenciamiento que se dio a una de las partes para demonizarla sin que pudiera defenderse, todo lo anterior no con el objetivo legítimo de la lucha por el respeto a las mujeres y su seguridad, sino puesto al servicio de los intereses publicitarios de una individua perteneciente a un grupo mediático que la apoya en la explotación de las mujeres realmente violadas, agredidas y asesinadas, todo para su promoción personalista, la promoción de Tamara de Anda.








Atentamente.



Tomoo Terada


miércoles, 2 de agosto de 2017

Daniel Moreno Chávez y señora en contra de un servidor




Daniel Moreno Chávez es un periodista importante. Ha sido director editorial de Excélsior, director de WRadio,  y ahora lo es del sitio Animal Político. Aunque lo más conocido de él es que los partidarios de Carmen Aristegui lo responsabilizan de la salida de ella de WRadio.

El primer contacto que tuve con él fue a través de Twitter pues encontré que organizaba unas tertulias musicales en que era un DJ propositivo. Después lo conocí personalmente junto con sus hijas, dos simpatiquísimas nenas, a las que su padre, entiendo que con ironía, ponía como causa de sus tribulaciones y vergüenzas por escuchar a One Direction, Justin Bieber o cualquier otro teen idol actual.

Yo me acerqué a él para buscar colaborar con Animal Político. Fui dos o tres veces personalmente a las oficinas de AP. Por razones que no me quedaron claras empezó a hacerse el desaparecido, el ocupadísimo. Entendí que, por las razones que fueran, no quería que colaborara con su sitio y aunque por supuesto me disgustó, más si no había un motivo claro, consideré que él tenía todo el derecho a invitar a su fiesta a quienes quisiera.

Posteriormente he pensado que tal vez se haya tratado, una vez más, de Elena Garro. Como ya he señalado en otra entrada, Excélsior publicó la mentira de que en los acervos sobre el #GobiernoEspía del pasado en el Archivo General de la Nación había un memorándum de la CIA acerca del encuentro de Garro con Lee Harvey Oswald. Excélsior implicó entonces que Garro había sido agente de la CIA. Pero el memorándum jamás estuvo en los acervos en el AGN y, sobre todo leído en su contexto, tampoco probaba una actividad de espionaje al servicio de la CIA.

La reportera que aparecía firmando la nota, Cecilia García, quien ya no trabaja en Excélsior (es más, parece ser que ya no trabaja de periodista) respondió a mis cuestionamientos poniendo la responsabilidad en el editor de sección. En otras palabras, que en Excélsior los reporteros aparecían firmando notas con partes que ellos no habían escrito.

El director editorial de un Excélsior con esas prácticas era Daniel Moreno Chavez.

Intenté de nuevo, tiempo después, ahora con Claudia Ramos ("Mala Madre"), enviando un ensayo a través de Mael Vallejo, quien entonces trabajaba en AP, acerca del cantautor Juan Gabriel, recién fallecido este. Un ensayo que me elogió Juan Villoro pero que parece no gustó o interesó a Ramos. Seguro ella tiene un gusto literario más refinado que el de Villoro.

Retomando el hilo, a pesar del "rechazo" Daniel Moreno me seguía pareciendo simpático. Y seguí pensando que en Animal Político tenían todo el derecho a que no les gustara lo que yo escribo.

Pero todo cambio a partir del escándalo de #LadyPlaqueta, que me ha confrontado con por lo menos parte de los periodistas "críticos e independientes" porque, como lo he dicho bastante, ese asunto es una farsa y, peor, es un fraude manipulado para crear una falsa "heroína feminista".

A mí me indignó la promoción que hizo Animal Político de Tamara de Anda ("plaqueta"), más estando reciente el asesinato de Miroslava Breach cuya vida también fue considerada menos importante que la de De Anda por la ong Artículo19.




Tuve una conversación irónica al respecto con Claudia Ramos - Mala Madre, encargada de El Plumaje, la sección de opinión de Animal Político, quien además es la esposa de Daniel Moreno. La conversación puede haber sido dura pero creo que nadie podría sostener que de mi parte haya sido ofensiva, lo digo por si ahora Claudia Ramos o alguien en su nombre se hace la ofendida.











Pero jamás creí que buscaran revancha apoyando a uno de sus colaboradores en contra mía

Luis González Placencia, colaborador de AP publicó una basura titulada "De Tamara a Dafne: los extremos de un continum" texto "con atención" a mí en la que implicaba que yo era un "misógino" por atreverme a decir en voz alta mi desacuerdo con De Anda y sus partidarias.




Hasta ahí era un asunto entre yo y un colaborador de Animal Político, lo que no implicaba ni apoyo ni acuerdo con González Placencia por parte de Daniel Moreno y señora. Pero cuando envié una respuesta a Placencia en ejercicio de mi derecho de réplica, habiendo consultado previamente a Ernesto Villanueva, mi respuesta fue ignorada por el director de Animal Político. Envié varios tuits de protesta que también fueron ignorados.




Hasta ahora, que tuve una "interlocución" con una editorial "progresista" sobre la campaña #NoMeDigasGuapa, intento de consolidar a Tamara de Anda como fraudulenta vocera en contra de la violencia contra las mujeres. Uno de los tuits fue citado por Callo de Hacha y según la propia métrica de Twitter la conversación fue muy vista. Además de que terminé mostrando cómo mis interlocutorxs eran ignorantes del tema del cual querían "sensibilizarme".




Mencioné la actitud de censura de Daniel Moreno y Claudia Ramos y ahora sí hubo la reacción de un bloqueo.






He contado todo esto para que no se busque presentarme, una vez más, como alguien "conflictivo" que quién sabe porqué acaba en malos términos con tan destacado periodista.

También para protegerme si se quiere volver a echar el poder mediático de Animal Político en contra mía. Incluso le tuiteé al mero mero de Gizmondo Media Group, la empresa que junto con Univision, es para la que trabaja Daniel Moreno.





lunes, 26 de diciembre de 2016

Correo a CinePremiere acerca manipulado escándalo El Último Tango en París


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Jessica Oliva
Editora en Jefe de CinePremiere


Estimada Jessica Oliva:


Como anuncié te mando este correo público que es una crítica de la forma como la revista y específicamente tú como editora y autora de las dos notas que se comentan, manejó incorrectamente el asunto de la perversa invención y manipulado rumor, que por la forma como funcionan las redes sociales aún sigue circulando entre algunos, de que hubo una violación real de Marlon Brando a Maria Schneider en la “escena de la mantequilla” en El Último Tango en París.


En Twitter me mandaste dos capturas de pantalla de un mismo fragmento de tu primera nota en la que respecto a tuits de gente como Jessica Chastain, Eva Rachel Wood y Ava DuVernay escribiste que se referían a la ”violación que implica una penetración. Algo que la misma actriz (Schneider) dijo que no sucedió”. Comentaste que por lo menos tu primera nota era muy clara y no necesitaba aclaración.


Pero si esa nota es titulada de esta forma vas a perpetuar la confusión y no a aclararla:


ESCENA DE VIOLENCIA SEXUAL DE EL ÚLTIMO TANGO EN PARÍS FUE REAL

(Algo parecido sucedió con El País que anunció La escena de violación más célebre del séptimo arte, la de El último tango en París fue real, aunque leída con atención la propia nota desmentía el titular. Clickbait de ese diario. Pero debes leer cómo muchas y muchos maldijeron a Brando y Bertolucci, convencidos de que eran unos violadores, a partir de esa nota.)


Tan no quedó aclarada la confusión, ni siquiera para ti misma, que tal como te mostré tuviste una interacción con un lector en Twitter, quien daba por hecho que sí hubo una violación y mencionó como “casos similares” los de Rose McGowan y Shia LaBeouf. Le diste fav pero en ningún momento le aclaraste, como a mí, que tus notas no se mencionaba violación (de hecho sí lo hacen) y que entonces había un malentendido. A él no a mí le hubieras escrito que habías aclarado que no fue violación..


En tu primera nota, al no precisar que el video que se hizo circular fue titulado de forma sensacionalista y usado fuera de contexto para presentarlo como la “confesión” de Bernardo Bertolucci de que junto con Brando “conspiraron” para que éste último violara realmente a Schneider y filmar esa “violación real” se perdía de vista el motivo de la indignación que se dio en Hollywood.


Me parece que pesó mucho tu condición de mujer al momento de escribir las notas, algo absolutamente válido pero que, repito, no manejaste bien, y como te lo escribí antes respecto a tu entrevista a Scott Derrickson editorializaste en tu nota haciendo afirmaciones sin sustento y te erigiste en jueza de Bertolucci.


Afirmaste esto sobre él:


“Sus declaraciones, que prácticamente defienden la agresión y hasta el ultraje (para el cual no es necesario que haya una penetración) en aras del arte y de la autenticidad, ponen en evidencia una ceguera social muy particular hacia este tipo de temas: ¿por qué nos tomó tanto tiempo indignarnos por algo que sabíamos desde hace nueve años?”


Utilizaste palabras como “agresión” y “ultraje” (que por cierto es uno de los sínónimos posibles de violación y muchas mujeres en redes sociales, sinceramente indignadas algunas y buscadoras de “víctimas” políticamente rentables otras, señalaban que no se necesita penetración con el pene para que sea una violación) con mucha irresponsabilidad, contribuyendo a la confusión y no a aclarar las cosas.


También seguiste el planteamiento falso de Mariana Fonseca en The Independent (4 de diciembre) de que no se hizo caso de las declaraciones de Schneider en su entrevista de 2007 para el Daily Mail sino hasta que la entrevista a Bertolucci de 2013 “las confirmó”. Esa es otra mentira manipulada con el fin falsamente progresista de “probar” a partir de premisas falsas que no se hace caso a las declaraciones de una mujer sino hasta que las “confirma” un hombre. No “se hizo caso” en su momento a las declaraciones de Schneider porque poco o nada tenían de escandalosas y, por el contrario, son un desmentido claro a cualquier manipulada interpretación que se quiera hacer de las de Bertolucci como confesión de una “violación real”. Se provocó intencionalmente el escándalo de la “violación real” y entonces se revivió esa entrevista porque se trató de utilizarla contra Bertolucci tan sólo por su título: Me sentí violada por Brando.  


Tan es así, Jessica, que tú como muchísimos más que la citaron obviaron o minimizaron cuidadosamente las partes “incómodas” de esa entrevista a Maria Schneider que no se ajustaban a la narrativa que se buscó imponer: que, al momento de realizarse la entrevista, ella ya podía ver la película y gustar de su trabajo en la cinta; que consideraba que su mejor experiencia al hacer la película fue su encuentro “con Marlon”; que fue amiga de Brando hasta la muerte de él, el mismo hombre al que menciona como quien se le ocurrió la escena polémica, la “violó” en pantalla (ojo, Brando, no Bertolucci),  y quien no se disculpó ni la consoló después de filmada.


Pasando a tu segunda nota:  


BERTOLUCCI RESPONDE A ACUSACIONES SOBRE VIOLACIÓN EN EL ÚLTIMO TANGO EN PARÍS

Vuelves a seguir aquí a Mariana Fonseca, quien, ante la propia declaración de Schneider de que no hubo violación, como esto no le era útil para su manipulada pseudoargumentación, pasa de esta a la violencia sexual en un salto conceptual que no explica como tampoco explica cómo sería aplicable la definición de violencia sexual de la Organización Mundial de la Salud que cita al caso de dos actores interpretando dos personajes en una escena de violación. Como ya no puede usar la palabra “violación” contra Bertolucci usa el término “violencia sexual” para decir lo mismo sin decir lo mismo.


Tú, por tu parte, enlazas a un documento en español, Informe sobre la Violencia y la Salud, de la misma organización también para definir la violencia sexual, pero le agregas de tu cosecha y tampoco explicas de qué forma sería aplicable al caso de Bertolucci, Brando y Schneider. (Por cierto en ese capítulo de violencia sexual se incluye un recuadro sobre “Violencia sexual contra los hombres y los niños”, tema del que poco se habla, y que también merecería comentario de CinePremiere a partir de la revelación de Tim Roth de que él fue violado).


Esto último es muy importante, Jessica, porque como te enteré en el artículo de Lindsay Soladz la siniestra organización anónima, dizque no lucrativa y pro derechos humanos, El Mundo de Alycia, que editó el video del escándalo de forma sensacionalista y aseveró como un hecho que era la confesión de Bertolucci de la violación real de Schneider ahora remite a tu segunda nota como su “justificación”. Como cobardes pretenden escudarse en que la Organización Mundial de la Salud, a través tuyo, avala lo que hicieron.


Tal vez hayas visto que Jessica Chastain en su cuenta de Twitter, ante las críticas por haber presentado como violación real la de Brando y Schneider, citó la definición de violación del Departamento de Justicia. Es el modo que encontró Chastain de buscar justificar lo que hizo. Eso mismo pretenden hacer en “Alycia”. Por eso he promovido la idea de que el Departamento de Justicia-el FBI realice una investigación formal para que nos dejemos de cuentos y haya una declaración oficial de si Brando violó o no a Schneider conforme las definiciones de violación de esas entidades, a las que ahora se acoge Chastain.

Apareces entonces como quien proporciona la coartada para que una organización anónima pueda difamar y provocar un linchamiento en redes, que en el caso de Bertolucci, quien está vivo a diferencia de Brando, provocó que un proveedor de streaming eliminara de su acervo El Último Tango en París; se escribieran peticiones para que se le quitaran sus reconocimientos; se le pusiera en peligro físico de ser agredido, él, que está en silla de ruedas; y, en general, que su carrera y prestigio logrado con grandes obras terminaran destruidos por la gentuza anónima falsamente justiciera de El Mundo de Alycia.

Así que hay mucho de discutible y mucho que discutir acerca de lo que publicaste. No me extiendo más de lo que he hecho, aunque queda mucho por tratar. Te pido públicamente reflexiones.


Atentamente.

Tomoo Terada